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Intervencion en el XI Seminario de la Federacion Internacional de Antiguos Alumnos Iberoemericanos del INAP de España

05/10/2010.

Quiero comenzar mi intervención trasladándoles la bienvenida del Gobierno de España a esta ciudad y al Instituto Nacional de Administración Pública que es, quizá nunca mejor se ha dicho, su propia casa.

Debo también comenzar reconociendo que me impresiona muy favorablemente la propia existencia y la ya larga trayectoria de la Federación Internacional de Antiguos Alumnos del Instituto Nacional de Administración Pública de España y lo hace en una doble dirección.

Primero porque se muestra como un eslabón más de esa larga cadena que conforma la columna vertebral de la propia existencia de una comunidad como la iberoamericana. Es incontestable la existencia de lazos históricos, culturales y hasta familiares que nos confieren una identidad singular y propia a todos nosotros, los de un lado y otro del Atlántico.

Sin embargo, iniciativas como este seminario viene a conceder, a proyectar la vigencia más plena de esta realidad cierta que es Iberoamérica. La historia y la cultura comunes no serían suficientes en un mundo global, sometido a cambios acelerados y en todos los órdenes, sin la renovación permanente de esa identidad con la realización de tareas comunes que nos unen y dan razón de su existencia. Esa es una dimensión – la de agente para la cooperación iberoamericana – que quiero resaltar de manera especial como patrimonio de esta Federación y de este seminario.

En segundo lugar, la existencia de esta Federación constituye un activo que el Gobierno de España celebra con una honda satisfacción, orgulloso de que varias generaciones de servidores públicos de toda Iberoamérica se sientan identificados con la formación que han recibido en esta Instituto y decidan proyectarla, darle vida mediante una plataforma común y encuentros periódicos. Es un patrimonio que, insisto, nos llena de orgullo y que estamos dispuestos a seguir respaldando.

Por todo ello, no puedo sino expresar nuestro agradecimiento y felicitación en primer lugar a quienes tienen la responsabilidad de organizar el Seminario y de sostener con su trabajo y dedicación la Federación Internacional de Antiguos Alumnos Iberoamericanos del INAP; y en segundo lugar, a todos los integrantes de la Federación y participantes en el encuentro. Su presencia es la mejor expresión de que las voluntades rompen barreras y distancias y que Iberoamérica no es retórica sino realidad.

También quiero trasladarles algunas reflexiones de índole general en relación al papel de las administraciones en el escenario actual de nuestras sociedades, marcado ineludiblemente por la existencia de dos factores que condicionan nuestra tarea, uno estructural, la globalización, que está produciendo cambios vertiginosos y que está cambiando la faz de todas las sociedades, y otro coyuntural, el de una crisis económica de alcance mundial, que me atrevo a decir que ya está dando paso a una cierta, aunque incipiente recuperación.

La económica es la dimensión que sin duda ha avanzado más poderosamente en el proceso de globalización. Pero quienes creemos que la vocación de la acción pública es servir a las personas, no podemos dejar de dar la batalla por la dimensión humana, la dimensión ciudadana, y por tanto, de la dimensión política y administrativa, cuya finalidad ha de ser garantizar que la ciudadanía puede intervenir, a través de sus representantes, en la dirección y gobernación del mismo proceso globalizador.

Solo podemos avanzar, superar las dificultades, adaptarnos a una era como la global si somos capaces de integrarnos en espacios que nos hagan mejores. Y para España, junto a la integración europea, Iberoamérica es una prioridad en la que solo cabe profundizar para su fortalecimiento. La cooperación en todos los órdenes debe ser la pauta a seguir en esta Comunidad y es una prioridad para mi Gobierno.

Teniendo como meta global una Administración que debe garantizar unas cotas de servicios públicos como las que acabo de señalar, el reto que se nos plantea es cómo debe gestionarse para alcanzar sus fines en un entorno que, ciertamente, ha cambiado, y que esa gestión sea óptima, es decir, que detrayendo los mínimos recursos posibles, preste los servicios adecuados con la máxima calidad.

Frente a quien opine que la actual crisis es el peor momento para pensar en la mejora de los servicios públicos, quiero contraponer mi convicción de que debilitar la Administración pública, cuya esencia es servir a la ciudadanía, pondría en cuestión su propia legitimidad y que en estos momentos de crisis, la Administración es el más importante -si no el único- instrumento que puede ayudar a paliar sus consecuencias entre la ciudadanía.

Nuestra meta es, y debe seguir siéndolo, alcanzar la Administración de la excelencia, una transformación ambiciosa y necesaria que tengo la convicción podemos hacer realidad; hoy, junto con los problemas derivados de una crisis profunda y de una sociedad compleja, también hallamos nuevas oportunidades surgidas del propio cambio tecnológico y que nos aproximan en mayor medida que nunca al horizonte para nuestra Administración que estoy segura compartimos todos nosotros. Una Administración eficiente, superadora de sus propias rémoras, que sirva a los ciudadanos en tiempo real y que se vea legitimada por su propia capacidad para prestar cada vez mejor servicios a la sociedad.

Las nuevas tecnologías nos brindan una oportunidad que no podemos desperdiciar para reformar y modernizar nuestras administraciones; sin embargo las Administraciones, no pueden continuar con las mismas estructuras, regulaciones y procedimientos que tenían en el Siglo XX, sino que deben transformarse y adaptarse a los cambios del modo y con la profundidad que sea necesaria. Esa es una lectura y a la vez una exigencia que entiendo imprescindible del tiempo histórico que estamos viviendo.

Recientemente, en España nos está correspondiendo adoptar medidas como consecuencia de la crisis que vivimos, pero quiero aprovechar su presencia aquí para trasladarles que se trata de actuaciones que quieren sanear el tronco de nuestra Administración, para que la savia se fortalezca y en poco tiempo tengamos frutos más abundantes. Responden a una situación de crisis y son imprescindible para hacer frente al objetivo de reducción del déficit que es una prioridad para garantizar la recuperación; pero no se alejan del proyecto modernizador que tenemos entre manos, que estamos llevando a cabo porque, además de la gestión de la crisis, nuestra obligación de gobernantes es adoptar los planes a largo plazo que resulten apropiados tanto en los entornos económicos de crecimiento como en los de desaceleración.

Y en línea con la necesaria modernización de las administraciones que estamos llevando a cabo, me gustaría subrayar los dos pilares básicos a los que el Gobierno al que represento concede un protagonismo especial:

De un lado, tenemos la oportunidad de construir una Administración en línea con el ciudadano, que la relación entre el ciudadano y la Administración, de principio a fin pueda realizarse a través de internet, desde un ordenador, con la misma seguridad y fiabilidad que en la relación presencial, pero – y quiero subrayar esta dimensión - con un enorme ahorro en tiempo y en recursos. El aprovechamiento y la puesta en común de recursos es un reto cuyo éxito contribuirá a vertebrar un sistema de la administración más moderno y sostenible, pero de un modo complementario a otras medidas, contribuirá además a extender la sociedad de la información a aquellos segmentos de población afectados por la llamada brecha digital.

La administración electrónica puede y debe contribuir a transformar esa sociedad de la información en la sociedad de las oportunidades que brinda un mundo interconectado, llegar de manera convincente a cada vez un mayor número de ciudadanos para que accedan sin reservas ni distancias a las ventajas que le ofrecen los soportes electrónicos a su disposición en las administraciones. Aumentar el acceso electrónico de la ciudadanía es un elemento esencial para romper barreras y acercarla a los nuevos servicios que ponemos a su alcance.

Los ciudadanos, lo reitero, son la pieza esencial de este proceso porque a ellos van dirigidos siempre los avances que hacen posible una administración más accesible, más eficaz y de mayor calidad; es decir a la que puedan entrar, que esté a su servicio las 24 horas de los 365 días del año. Una administración avanzada y moderna que rompa los tópicos y que sea capaz de legitimarse por su capacidad para ofrecer servicios en tiempo real y de facilitar la vida a la gente.

De otro lado, debemos avanzar hacia un modelo de empleo público más eficiente y motivado.

La Administración debe acompasar sus formas de trabajo al momento en que se vive; las sociedades avanzan y la Administración y sus empleados deben acompañar esos cambios para seguir estando a la altura de sus responsabilidades.

Debemos avanzar mucho y con velocidad de crucero en cambios organizativos, de procedimientos y en un imprescindible proceso de racionalización como requiere una administración cuya inevitable complejidad para dar respuesta a necesidades de unas sociedades de composición también compleja, debe ser compatible con una administración sin duplicidades ni zonas de colisión, contradicciones o descoordinaciones.

Se trata de consolidar un modelo de empleo en el que la formación ha de desempeñar un papel esencial en la constante mejora de la profesionalidad, porque ello va a impactar de inmediato en la eficiencia, en que el rendimiento del trabajo de cada hora trabajada sea mayor. Los empleados públicos han de estar motivados, y nuestra tarea como gestores de esos recursos humanos es adaptar la organización y los procedimientos administrativos a este objetivo.

La receta no puede ser otra que apostar por la mejor formación posible de los empleados públicos que redunde en el beneficio colectivo; estoy convencida que de cara al futuro debemos potenciar la formación y abrir espacio para recompensar el esfuerzo y la innovación.

Estos son algunos de los principales retos que tenemos planteados y que en mi opinión comprometen al conjunto de las administraciones públicas sean cuales fueran los países en donde residen.

Y estoy convencida que seminarios como éste, sirven también para intercambiar experiencias, para debatir libre, intensa y honestamente y para construir consensos en un espacio común como es el iberoamericano acerca de la administración que queremos para nuestras ciudadanías.

Disfruten de la estancia y buena suerte en el desarrollo del seminario.