Intervención de la Secretaria de Estado para la Función Pública en la reunión de la RIMPE sobre “Participación de los Ciudadanos en la era de la Administración Electrónica: Educación para la Ciudadanía e Inclusión Digital”
09/09/2010. Lisboa.
Ministro de la Presidencia de Portugal.
Ministros y secretarios de los Gobiernos iberoamericanos
Amigos y amigas
Quiero que mis primeras palabras sean de agradecimiento al Gobierno de Portugal por la organización de esta reunión de la Red Iberoamericana de Ministros de la Presidencia y por su hospitalidad.
Para el Gobierno de España, es un placer estar hoy en Lisboa compartiendo este foro que tiene como anfitrión a un Gobierno como el portugués, con el que mantenemos estrechos lazos de trabajo e innumerable intereses comunes, y también con todos los gobiernos amigos del espacio iberoamericano. Tienen nuestro compromiso para trabajar intensamente y fortalecer así este espacio de cooperación en el que nos encontramos participando.
En esta oportunidad nos reunimos para abordar un tema crucial hoy en día para nuestras Administraciones y aún en mayor medida para nuestras sociedades. Porque las Nuevas Tecnologías son hoy un motor de cambio constante, una oportunidad estratégica para el desarrollo que requiere del compromiso de todos, por supuesto también de la Administración. En España así lo hemos entendido, y por ello la Secretaría de Estado que dirijo tiene actualmente en la Administración Electrónica uno de sus principales pilares de actuación.
Vivimos ya en un mundo global y el hilo conductor de la globalización es precisamente la tecnología, el formidable impacto de los vertiginosos procesos de cambio tecnológico en prácticamente todos los órdenes. Cambios que alteran o lo harán de inmediato de un modo u otro las relaciones económicas, sociales y culturales.
Y el reto que debe comprometernos desde la responsabilidad de las políticas públicas es procurar una gobernanza que sitúe a los ciudadanos como destinatarios, subrayo, como beneficiarios, de esas grandes transformaciones.
Las Nuevas Tecnologías forman parte ya, por tanto, de nuestras vidas, y no cabe duda de que la Administración Electrónica nos abre una puerta extraordinaria para fortalecer la relación de los ciudadanos con su Administración, facilitándoles los trámites y mejorando su acceso a la información pública. Modernizar es dar lugar a una administración más accesible, de más calidad y de menos costes para el conjunto de la ciudadanía.
Esta es la convicción del Gobierno al que represento y que ha dado lugar a una firme determinación, una voluntad política expresa por hacer de la universalización de la administración electrónica el factor prioritario para la modernización de nuestras administraciones públicas.
Y para lograrlo, hemos venido actuando en cuatro frentes que les expongo de manera sintética:
En primer lugar, España optó hace tres años por dar rango de ley al reconocimiento del derecho del ciudadano a relacionarse por vía telemática con la Administración. Fruto de esa decisión se aprobó en 2007 la Ley de Acceso electrónico de los ciudadanos a los servicios públicos, una ley que ha marcado desde entonces la actuación administrativa, ya que no sólo reconoce el derecho del ciudadano, sino que obliga a la Administración a poner los medios para que los trámites puedan ser realizados telemáticamente. Y lo que es más, establecía una fecha límite para esa adecuación a la ley.
En segundo lugar, dotando al ciudadano de una personalidad electrónica, de un medio para identificarse y firmar en el mundo virtual; ya se han expedido más de dieciocho millones de documentos nacionales de identidad electrónicos que hacen posible el acceso al servicio personalizado así como la posibilidad de realizar transacciones completas
En tercer lugar, priorizando la creación de infraestructuras y de servicios comunes que constituyen el núcleo de “lo básico” de lo mínimo indispensable para que una relación electrónica sea posible; estoy hablando de temas clave como son el registro, pago, intercambio de datos y notificación, todos ellos electrónicos. A partir de estas piezas básicas es más sencillo construir el resto del edificio.
Y en cuarto lugar, trabajando en la divulgación y difusión del servicio electrónico mediante campañas de información hacia el ciudadano y de formación hacia el empleado público.
Esta es la estrategia que hemos venido desplegando y que nos ha permitido alcanzar en estos años resultados que estimo muy importantes; hoy, en España, y en el ámbito de la Administración General del Estado, cualquier trámite, cualquier gestión que requiera el ciudadano, puede iniciarse a través de soporte electrónico. Debo añadir, además, que prácticamente el 100% del volumen de las tramitaciones, es decir del conjunto total de gestiones de la administración, puede llevarse a cabo electrónicamente. España, déjenme que les traslade nuestra satisfacción por ello, ha sido el país del mundo que más ha avanzado a lo largo del último año en la implantación del denominado desarrollo global de la Administración Electrónica, tal y como reconoce un reciente informe de Naciones Unidas.
Sin embargo, nuestra opinión – y en coherencia con el titulo y contenidos de esta sesión - es que no podemos conformarnos únicamente en poner los servicios de la Administración a disposición de los ciudadanos por vía electrónica, sino que tenemos que conseguir que éstos los conozcan y utilicen. Él reto para los Gobiernos es también difundir el servicio electrónico como un canal más a disposición del ciudadano en su relación con la Administración, un canal abierto 24 horas al día los 365 días del año.
Debemos vencer las inercias y romper barreras de incomunicación, realizar entre todos un esfuerzo sostenido para que la ciudadanía sea consciente de la oportunidad que tiene ante sí, supere cualquier distancia o recelo y acceda cada vez de manera más acusada al uso de los servicios electrónicos que la administración les ofrece. No podemos resignarnos a que este acceso tarde años en materializarse de manera mayoritaria. La modernización perdería parte de su valor si no alcanza de manera abrumadora a los ciudadanos, que son precisamente sus primeros y más importantes destinatarios y déjenme que les traslade mi convicción que los Gobiernos debemos poner un aún mayor empeño en lograrlo.
Sin embargo, las señas de identidad de una administración moderna no se pueden agotar en su capacidad para prestar servicios eficientes y en tiempo real como hoy ya están a nuestro alcance. Este es un ámbito crucial pero no lo es menos que las nuevas tecnologías y su extensión nos sitúen ante la posibilidad cierta de lograr una Administración más participativa y una relación de ésta con los ciudadanos más transparente, menos opaca, con la puerta abierta para materializar el derecho a la información de los ciudadanos en torno a todo aquello que tenga que ver con la gestión de los intereses públicos.
Si me lo permiten, les diré que haciendo más tranparentes nuestras administraciones, con menos sombras, estaremos fortaleciendo la confianza de los administrados y, por ello, prestando una activa contribución al fortalecimiento de la legitimidad sobre la que se asientan nuestros sistemas democráticos; al fortalecimiento de la democracia. Esta es una dimensión de la modernización de las administraciones que merece una reflexión seria y a la que nosotros le concedemos una gran importancia. En un contexto mundial donde los sistemas democráticos se ven sometidos a no pocos frentes de deslegitimación y en el que crecen las presiones que ponen a prueba su propia capacidad, nos hallamos ante una oportunidad para que los ciudadanos crean más en ellos, generen más confianza en las opiniones públicas. Es una oportunidad que, se lo digo con contundencia, no podemos permitirnos desaprovechar.
Queridos amigos y amigas; avanzar en estas oportunidades que nos ofrece el tiempo histórico que estamos viviendo, también comprende una voluntad de cooperación entre Gobiernos y debe comprometer aún en mayor medida a quienes nos sentimos partícipes de una comunidad de proyectos, intereses y lazos de hermandad como es Iberoamérica.
Debemos, por ello, fortalecer e intensificar – en la línea de lo que contiene el proyecto de Declaración de Lisboa que se debatirá en la sesión de mañana – la cooperación, compartiendo iniciativas e intercambiando experiencias para avanzar entre todos con determinación en este terreno; y ,además, concederle todo el impulso y la mayor visibilidad política a un proyecto que, tengo la seguridad, todos compartimos y que merece ganar aun mayor peso en las agendas públicas de la Comunidad Iberoamericana. Ese es el desafío inmediato.
Muchas gracias.
