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Comparecencia de la Vicepresidenta Primera, Ministra de la Presidencia y Portavoz del Gobierno ante La Comisión Mixta del Senado sobre el Balance de la Presidencia Española de la UE

01/07/2010. Madrid.

Presidente, señorías,
El pasado mes de octubre comparecía en esta misma Comisión para exponerles las líneas maestras de la Presidencia del Consejo de la Unión Europea que nos disponíamos a asumir.
En aquella ocasión, iniciaba mi intervención agradeciendo a todos los grupos parlamentarios el apoyo que en el debate del Estado de la Nación habían mostrado hacia el proyecto del Gobierno.
Un apoyo que se tradujo en una resolución y en una Proposición no de Ley en la que se detallaban los grandes objetivos de la que ha sido nuestra agenda a lo largo de estos seis meses.
Coincidimos entonces en nuestra valoración de la crisis económica y en nuestra percepción de la necesidad de superarla apoyándonos en la innovación y el conocimiento.
Coincidimos en nuestra convicción de que el crecimiento debe ser socialmente responsable y garantizar el empleo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social.
Coincidimos en considerar que la lucha contra el cambio climático y la apuesta por la nueva economía verde es una tarea urgente, pero también una oportunidad para alcanzar un modelo de crecimiento más sostenible ecológica, económica y socialmente.
Coincidimos, en definitiva, en reconocer que la puesta en marcha del Tratado de Lisboa es un momento de especial trascendencia para la Unión.
Un momento que marcará un antes y un después y en el que nos corresponde la responsabilidad de poner las bases de una Europa más dinámica en lo económico, más coordinada en lo institucional, más comprometida en lo social y más presente en lo internacional.
Comparezco hoy de nuevo ante ustedes, en esta ocasión para exponerles el balance de la presidencia española y permítanme que mis primeras palabras sean de nuevo para agradecer a todos los Grupos Parlamentarios la actitud de responsabilidad que han mostrado a lo largo de estos seis meses.
Creo que no me equivoco al señalar que el Parlamento ha sabido estar a la altura de lo que de nosotros esperaba la ciudadanía española, una ciudadanía que siempre ha expresado su profundo compromiso con la Unión.
Señorías,
La política, como tantas otras actividades, se vive sin ensayo. Son muchos y muy importantes los objetivos que nos propusimos al inicio de este semestre, y son importantes los logros que hemos alcanzado.
Sin duda ha habido algunos en los que nos gustaría haber llegado más lejos, también ha habido otros a los que, como consecuencia de un mundo que cambia aceleradamente y en un momento económico especialmente inestable, hemos tenido que hacer frente y responder de un modo inmediato.
Por eso, desde el inicio nos planteamos que debíamos mantener una actitud propositiva, activa en todo momento; que la nuestra no iba a ser una presidencia que se limitase a la gestión rutinaria de los asuntos cotidianos, sino una presidencia ambiciosa, que diese un impulso decidido a la profundización de la Unión.
Así nos lo exigía esa verdadera refundación de la estructura institucional de la Unión que ha sido el Tratado de Lisboa y así nos lo exigía el momento económico que vivimos.
Creo, en todo caso, que podemos estar razonablemente satisfechos del balance de nuestra presidencia. Creo que podemos estar satisfechos porque en todos los vectores que señalamos como centrales para nuestra presidencia hemos logrado avances importantes.
Y el más importante era y sigue siendo, sin ningún género de dudas, superar la crisis económica y dejar definitivamente atrás las malas prácticas que nos han conducido a esta difícil situación.
Era y sigue siendo lograr la colaboración y la concertación de todos para consolidar la recuperación y dotar a Europa de los instrumentos necesarios para la Gobernanza económica. También poner las bases de un nuevo modelo de crecimiento más sólido, más justo y más seguro.
Y creo que en este ámbito los resultados han sido más que notables. La práctica totalidad de los grupos parlamentarios, de los representantes políticos comunitarios, también de la prensa internacional, han coincidido en señalar que las decisiones tomadas en el Consejo del pasado día 17 marcan un antes y un después, marcan el momento fundacional de una verdadera gobernanza económica de la Unión.
Pero permítanme, antes de entrar algo más en detalle en las conclusiones de ese consejo, salir al paso de algunas de las observaciones que se están haciendo en los últimos días y que en absoluto se compadecen con la realidad.
Hay quien ha querido ver en ese consejo una especie de colofón, un éxito destacado y notable -creo que eso pocos se atreven a dudarlo- pero aislado y de última hora, de nuestra presidencia. No es cierto.
Es el resultado de un trabajo sostenido de concertación, de diálogo, de coordinación que hemos realizado a lo largo de estos seis meses. Incluso antes.
Porque antes de asumir la responsabilidad de la presidencia ya señalábamos como uno de nuestros objetivos prioritarios avanzar hacia una mayor cooperación económica, facilitar instrumentos de supervisión, de responsabilidad compartida.
Fue el Presidente del Gobierno de España quien, el 10 de octubre de 2008, pidió una reunión urgente del Eurogrupo ante la caída del sistema financiero internacional.
48 horas después se celebraba esa reunión y se alcanzaba, por primera vez en la historia de nuestra Unión, el compromiso de articular una respuesta conjunta, concertada y de amplitud continental a la crisis económica.
Fue el Gobierno de España quien, el 12 de diciembre de 2008, y dentro de los mecanismos de coordinación entre presidencias, defendió el establecimiento de una iniciativa común que se tradujo en el Plan Europeo de Recuperación de 200.000 millones de euros. Un esfuerzo sin precedentes en el ámbito de la Unión.
Señorías, ni un solo día, ya no desde hace un mes, ni desde los momentos previos al último Consejo, ni tan siquiera desde el inicio de nuestra presidencia sino desde el primer día de la propia crisis, hemos dejado de trabajar para hacer realidad ese objetivo de una unión más profunda, más estable, más coherente y más eficiente en la economía global en la que vivimos.
Y a ese objetivo responden medidas como la decisión de que todos los Estados de la Unión hagan públicos los resultados de las pruebas de resistencia de sus entidades bancarias. Desde la presidencia pedimos que las pruebas se hiciesen públicas a mediados de este mismo mes y así ha sido acordado por el Consejo.
Se trata en todo caso de una iniciativa promovida por este Gobierno, que encontró no pocas resistencias, pero que finalmente se ha impuesto como el mejor mecanismo para dar respuesta, a través de la transparencia, a los ataques especulativos apoyados en rumores sin fundamento que se dirigían contra nuestra moneda.
A ese mismo objetivo de garantizar la estabilidad se dirigen iniciativas como el compromiso de todos los Estados miembros de intensificar el esfuerzo en la reducción del déficit, la aprobación de una tasa a los bancos, la regulación de los gestores de fondos de inversión, y por supuesto la creación de un fondo de 750.000 millones de euros para garantizar la solvencia en un sistema económico en el que, no un país u otro, sino todos dependemos absolutamente de todos los demás.
Si a todo lo anterior añadimos la puesta en marcha de los mecanismos de supervisión financiera y de las tres nuevas autoridades de supervisión y la reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, tendremos las herramientas necesarias para reforzar esa gobernanza económica de la Unión.
Por eso, lo cierto es que causa perplejidad escuchar algunas de las cosas se están diciendo en las últimas semanas y no siempre desde la responsabilidad que se le supone a todo representante público.
Porque, señorías, sólo desde el desconocimiento más absoluto o la más absoluta irresponsabilidad se puede hablar de imposición o de improvisación, aún más de protectorado, ante una serie de medidas dialogadas, planificadas, concertadas, concretadas y acordadas con nuestros socios comunitarios.
Medidas que nos ayudarán a prevenir que la búsqueda del beneficio de unos pocos pueda poner en entredicho el bienestar de todos.
Y a lograr ese máximo de bienestar para todos, especialmente garantizando la creación de empleo y de empleo de calidad, se dirige, señorías, la Aprobación de la Estrategia para el Crecimiento y el Empleo 2020.
Una estrategia en la que esta presidencia ha invertido mucho tiempo y mucho esfuerzo y que nos permitirá abordar la modernización de nuestra economía apoyándonos en la sostenibilidad, en la innovación y en la responsabilidad.
Soy muy consciente, lo es todo el Gobierno y creo que toda la Unión, de que una parte de la responsabilidad en que la anterior estrategia de Lisboa no alcanzase los objetivos propuestos fue la relativa laxitud, la falta de concreción en cuanto a las iniciativas que cada país debía adoptar para alcanzar esos objetivos.
Por eso, la Estrategia Para el Crecimiento y el Empleo 2020 ha fijado cinco objetivos concretos y cuantificables (en empleo, educación, innovación, cambio climático y cohesión social). Cinco objetivos que se traducirán en obligaciones y planes concretos, detallados, medibles y ponderables para cada Estado de la Unión.
Creo, señorías, que lo que acabo de esbozarles no es sólo el resultado final de esta presidencia, sino el inicio de una nueva etapa económica para la Unión Europea.
Pero, señoras y señores, si algo ha dejado claro esta crisis es que Europa es y debe ser mucho más que una unión de mercado, es sobre todo, por encima de todo, la unión de sus pueblos y sus gentes.
Por eso la gente, las personas, la ciudadanía europea, ha sido otra de las grandes prioridades de nuestra presidencia.
Hace ya 18 años, en Maastricht, dimos carta de naturaleza al concepto de ciudadanía europea. En 2009, con Lisboa, nos dotamos de los instrumentos necesarios para que esa ciudadanía se convierta en un auténtico pilar de la Europa del siglo XXI.
Pero no basta con tener nuevos instrumentos, debemos asegurarnos de que funcionen en realidad y lo hagan de un modo eficiente, generando resultados tangibles con los cuales las europeas y europeos puedan sentirse identificados, incluidos, representados.
Protagonistas y no simples figurantes.
Estamos convencidos de que entre las instituciones europeas y los ciudadanos, no hay camino más corto ni cimiento más sólido que el de la confianza y la participación en un proyecto en el que debemos estar todos para que sea verdaderamente de todos.
Y hacia esa Europa de todos y para todos avanzamos con la aprobación de un mandato para impulsar la adhesión de la Unión al Convenio Europeo de Derechos Humanos.
También con la puesta en marcha de la iniciativa ciudadana. Una iniciativa que acercará a los ciudadanos al corazón de la Unión y que acercará nuestra unión al corazón de los ciudadanos y ciudadanas, haciéndoles participes de la toma de decisiones.
Señorías, solidez y solidaridad comparten mucho más que una raíz común, una Europa solidaria es una Europa sólida, cohesionada, vertebrada. Es una Europa que hace de la igualdad entre hombres y mujeres uno de sus principios fundamentales porque allí donde los cimientos de la igualdad no están bien asentados, todo el edificio de la ciudadanía se tambalea.
Por eso la Presidencia Española ha trabajado para avanzar hacia una Europa común también en la igualdad de género con la puesta en marcha del nuevo plan europeo de igualdad efectiva entre mujeres y hombres.
Y por eso creo que es una magnifica noticia que ayer mismo Naciones Unidas haya acordado por fin la creación de un único organismo –que se denominará UN WOMEN- que gestionará todos los temas relativos a la política de igualdad y género.
Un organismo que este Gobierno siempre ha defendido y para el que ha liderado, en nombre de la Unión Europea, las negociaciones que han llevado finalmente a su constitución.
Son pasos importantes, pasos que nos acercan más hacia ese objetivo de alcanzar la igualdad plena, un objetivo que no será completo mientras siga existiendo la terrible lacra de la violencia de género.
Y a la lucha contra la violencia de machista hemos dedicado buena parte de nuestros esfuerzos. El pasado mes de marzo el Consejo Europeo de Política Social aprobó por unanimidad la puesta en marcha de una estrategia común de lucha contra la violencia de género que supone en la práctica la adopción por las instituciones comunitarias del modelo español, con iniciativas como la creación de un teléfono único europeo de información y atención a las víctimas, la asistencia social integral tanto para las mujeres como para los menores que sufren situaciones de violencia machista, y la puesta en marcha del Observatorio Europeo contra la violencia de Género -dentro del Instituto Europeo de Igualdad- que ha sido inaugurado hace sólo unos días, el 22 de junio.
En lo que respecta a la orden de protección europea, también hemos avanzado. En el último Consejo de Justicia e Interior se ha alcanzado un acuerdo político y la Presidencia ya lo ha remitido al Parlamento para su aprobación.
Como saben, hay algunas reticencias que vencer, pero son diferencias que afectan más a los procedimientos y los plazos que a los objetivos.
En todo caso, la iniciativa está en marcha, está en plena tramitación, y estoy segura de que será realidad en breve plazo porque cuenta con el apoyo de buena parte de los Estados miembros y no me cabe duda de que se corresponde también con el sentir mayoritario de nuestros ciudadanos.
Se corresponde con ese horizonte de ir avanzando en ciudadanía europea que todos compartimos.
Y trabajar para una Europa de los ciudadanos es hacer de este continente una tierra segura para la democracia, una tierra segura para cada uno de sus estados, una tierra segura para sus gentes.
Durante esta presidencia hemos aprobado el desarrollo del Plan de Acción del Programa de Estocolmo, un plan de acción con el que se da nuevo impulso al espacio europeo de libertad, seguridad y justicia.
Un desarrollo crucial que significa mejorar la lucha contra el terrorismo, la delincuencia internacional, el tráfico de drogas, armas y seres humanos.
Significa establecer un mecanismo de solidaridad a nivel europeo para los casos de catástrofe natural o humana. Mecanismo que, por cierto, echamos a andar nada más iniciarse nuestra presidencia con motivo del terrible terremoto en Haití.
Significa elaborar una estrategia integral sobre migraciones, un ámbito en el que nuestro país se sitúa claramente en la vanguardia europea y hacia el que siempre hemos demostrado una especial sensibilidad.
Señoras y señores,
La Unión Europea es el mayor ejemplo que haya conocido la historia de cómo se pueden transformar las fronteras que durante tanto tiempo han sido las cicatrices de la historia, en ventanas abiertas.
Y esa ha sido también una de las grandes prioridades de nuestra presidencia. Abrir de par en par esas ventanas desde las que Europa pueda asomarse al mundo con mayor presencia y proyectar su voz, cada vez más alta y más clara, hacia la comunidad internacional.
Gracias al Tratado de Lisboa, que con nuestra presidencia ha echado a andar, teníamos nuevas herramientas para lograrlo, pero también nos encontrábamos con las lógicas dificultades de una nueva estructura institucional que aún estaba por probar.
Hemos sido en todo momento muy conscientes del papel, de la responsabilidad que nos correspondía como la primera presidencia rotatoria de esta nueva etapa. Como la presidencia que ha de poner en marcha la nueva estructura de gobierno de la Unión.
Sabíamos que en buena medida nuestra actuación iba a marcar el camino que será seguido por quienes nos sucedan y por eso hemos hecho de la colaboración permanente con los nuevos representantes de la Unión, con el Presidente del Consejo Europeo y la Alta Representante Para la Política Exterior, un principio esencial de nuestra actuación.
Ha sido y es en interés de todos, porque es en interés de la propia Unión y creo que en estos meses hemos logrado consolidar el papel de estas autoridades como lo que son: figuras centrales y destacadas de la Unión. Figuras centrales de nuestra presencia institucional y de nuestra proyección a nivel global.
Una proyección exterior en la que siempre hemos creído pero que en este momento en el que el planeta entero está redefiniendo sus coordenadas políticas, sociales y económicas se ha convertido en una necesidad imperiosa y también aquí hemos dado grandes pasos.
En el mes de abril, la presidencia logró la aprobación de una decisión política sobre el Servicio Europeo de Acción Exterior y el pasado 21 de junio alcanzamos un acuerdo con el Parlamento Europeo que permitirá su votación este mismo mes y será el paso decisivo para la puesta en marcha del Servicio Europeo de Acción Exterior.
Creo, señorías, que es difícil exagerar el cambio que este servicio Europeo exterior supone tanto como referencia para los ciudadanos de la Unión como para nuestra capacidad de actuación y muy especialmente para nuestra imagen exterior como unión.
Por primera vez desde nuestra fundación, todos los países de la Unión tendremos, ante todo el planeta, un mismo rostro y una misma voz.
Una voz que defenderá nuestros intereses, los intereses de todos, que servirá para proteger y amparar a nuestra ciudadanía y que llevará nuestro mensaje a todo el planeta. Un mensaje de paz, de solidaridad, de libertad y de cooperación que, sinceramente así lo creo, es hoy más necesario que nunca.
Y con ese mismo objetivo presentamos una exigente agenda de cumbres, una agenda para sacar el máximo provecho a la indudable proyección, a la indudable presencia cultural, económica y política que nuestro país tiene a nivel global.
De las cumbres que nos habíamos propuesto, como saben, dos no han llegado a celebrarse, me refiero a la cumbre de la Unión por el Mediterráneo y la cumbre con Estados Unidos.
Sobre la primera, es conocido que, debido al aumento de la tensión en Oriente Medio y en constante diálogo con todas las partes implicadas en su celebración, se optó por posponerla. Creo que el tiempo nos ha dado la razón y, a la vista de los acontecimientos posteriores, entiendo que fue una decisión acertada.
Confiamos en todo caso en su próxima celebración (noviembre), también en Barcelona, y seguimos trabajando, como siempre lo hemos hecho, para facilitar el diálogo y la paz en esa región de nuestro planeta.
En cuanto a la segunda, la cumbre con Estados Unidos, el objetivo que nos planteamos desde un comienzo fue la renovación de la agenda transatlántica y el espacio de libertad, justicia y seguridad con un país con el que es mucho lo que compartimos y que siempre ha estado cerca de Europa.
Como todos ustedes saben. la cumbre UE-Estados Unidos no llegó a celebrarse debido a la proximidad con la anterior cumbre de noviembre de 2009 y a la propia agenda del presidente Obama.
Hemos conseguido importantes avances en materia de justicia e interior, en la lucha contra el terrorismo, en el objetivo compartido de lucha contra la pobreza y el muy importante acuerdo de Servicios Aéreos.
El llamado acuerdo de cielos abiertos, que se firmó el pasado día 24, afecta al 60% del tráfico mundial de pasajeros y, según estimaciones de la Comisión Europea, supondrá un beneficio de 12.000 millones de euros y la creación de unos 80.000 puestos de trabajo para los ciudadanos europeos y norteamericanos.
Creo que podemos decir que aunque ha faltado el escenario, hemos logrado los principales objetivos que nos propusimos en cuanto a contenido, y finalmente eso es lo que cuenta.
Ha habido también otras cumbres importantes. Es el caso de la cumbre con Marruecos, la primera de toda la Unión con un país árabe, de evidente interés para España, en la que se ha consolidado su estatuto avanzado y se ha preparado la negociación del acuerdo de libre mercado.
También en las cumbres con Rusia, con Pakistán, con los Balcanes Occidentales hemos logrado avances.
En algunos casos, como con Pakistán, se trata de los primeros pasos hacia el establecimiento de una cooperación internacional hasta ahora prácticamente inexistente.
En otros, es el caso de Rusia, de avanzar en materias, como por ejemplo el intercambio y la cooperación en materia de información, en las que ya veníamos colaborando.
Y en el caso de los Balcanes Occidentales hemos dado un impulso decisivo a sus relaciones con la Unión dejando atrás las resistencias de algunos socios europeos. Creo que sólo la presencia en la misma reunión del presidente de Kosovo y el de Serbia es un logro que vale la pena destacar.
Pero, en esta área internacional, sin duda la iniciativa especialmente señera de nuestra presidencia han sido las diferentes cumbres entre la Unión Europea y América Latina.
Siete cumbres en las que se han dado cita más de sesenta países y en las que, en ambas orillas del océano, había depositadas muchas expectativas.
Nos propusimos traer Iberoamérica al corazón de la Unión Europea, estrechar los lazos de todo tipo entre dos regiones del mundo que tienen mucho que aportarse mutuamente en beneficio de sus ciudadanos. Y sin duda nuestra presidencia, la presidencia de un país europeo e iberoamericano, era el momento propicio para avanzar en esos objetivos.
No creo equivocarme, señorías, ni pecar de autocomplacencia al señalar que hemos cumplido con solvencia esas expectativas y hemos alcanzado los objetivos que nos habíamos propuesto.
Entre los muchos acuerdos que hemos suscrito se encuentran la aprobación de un plan ejecutivo con México que profundiza las áreas en las que ya veníamos colaborando y abre nuevas vías de cooperación. El lanzamiento de una nueva Asociación estratégica con Chile.
La firma del Acuerdo de Asociación con Centroamérica, el acuerdo multipartito con Colombia y Perú, el impulso al diálogo político con los países del Caribe y el relanzamiento de las negociaciones con Mercosur que, como saben, llevaban años enquistadas y que levantaba no pocos recelos entre nuestros socios de uno y otro continente.
No voy a detenerme más en el detalle de unas cumbres cuyos resultados ya conocen sus señorías y de las que ya he dado cuenta en una comparecencia específica.
Creo que hay coincidencia entre los países que asistimos a la cumbre UE-ALC en señalar que tanto por los nuevos instrumentos que hemos puesto en marcha, instrumentos como la facilidad de inversiones, el Plan de Acción, o el lanzamiento de la Fundación Eurolac, como por los acuerdos y los compromisos alcanzados esta cumbre marca un antes y un después.
Sólo quiero señalarles que según estimaciones de la propia comisión, del conjunto de los acuerdos alcanzados se puede desprender un aumento de renta para la Unión Europea y América Latina de cerca de 13.000 millones de euros al que se añadirían otros 12.000 millones del acuerdo con MERCOSUR, que estoy segura que verá finalmente la luz.
Señorías,
Abordamos la presidencia española de la Unión Europea en un momento especialmente problemático. Han sido seis meses de un intenso trabajo, seis meses marcados por la mayor crisis de los últimos ochenta años y por supuesto la mayor crisis que ha conocido la historia de la Unión Europea.
A la responsabilidad de liderar la respuesta europea ante las dificultades económicas se ha unido la de poner en marcha de la nueva arquitectura institucional y política aprobada en el Tratado de Lisboa.
Creo que no peco de exceso al señalar que por el alcance y la amplitud de los retos, ninguna presidencia anterior ha tenido que hacer frente a una situación semejante y creo que hemos resuelto la presidencia de un modo satisfactorio.
Ayer mismo, el Gobierno de Francia agradecía en un comunicado público el esfuerzo que la presidencia española ha realizado en estos seis meses, añadiendo que –y cito textualmente- la presidencia española ha alcanzado lo esencial de sus objetivos sobre la puesta en marcha del tratado de Lisboa, sobre las cuestiones económicas, sobre la promoción de la ciudadanía europea o en lo relativo al ámbito exterior.
Creo señorías que ese éxito y esa felicitación no son sólo para este Gobierno sino que debemos hacerla extensiva a todos los grupos parlamentarios y a todo el pueblo español.
Creo que, cuando se mire atrás, esta presidencia se verá como aquella en la que se pusieron los pilares de la gobernanza económica de la Unión, la presidencia en la que los europeos comenzamos a tener una misma voz y una misma acción en el exterior.
Creo que para generaciones enteras de europeos esta será la presidencia que diseñó la estrategia para su futuro económico, una presidencia que en todo momento trabajó por hacer realidad aquello que un día soñó Jean Monnet, no sólo la Unión de unos Estados sino sobre todo, por encima de todo, la unión de sus gentes.
Muchas gracias.