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Intervención de la Vicepresidenta primera del Gobierno, Ministra de la Presidencia y Portavoz del Gobierno y en el "Encuentro Europeo de Medios. Los nuevos desafíos"

04/06/2010. Madrid.

Querida Carmen, querida Cristina,

Señoras y señores, amigas y amigos,

Quiero en primer lugar agradecerles a todos ustedes su participación en este encuentro, para el que muchos de ustedes han viajado desde lejos –muchas gracias por venir- y muy especialmente a los ponentes, que sé que han realizado un gran trabajo y han propiciado un debate rico, interesante y riguroso sobre los temas que hoy nos han reunido a todos aquí.

Temas sin duda complejos, en algunos casos problemáticos, en otros inciertos, pero siempre importantes, no sólo para el sector de los medios de comunicación, sino para toda la sociedad, porque –y sé que en este auditorio no hace falta explicarlo- la comunicación es hoy el hilo con el que se teje la urdimbre de la comunidad global en que vivimos, la clave en la que se mueve nuestro mundo.

Un mundo que la propia comunicación, a través de las nuevas tecnologías, se está transformando a una velocidad que hace muy difícil seguirle el paso, incluso para las propias empresas y profesionales del sector.

Un mundo que, para todos, incluidos los medios de comunicación, presenta muchas más incógnitas que evidencias. Muchas más incertidumbres que certezas. Algo que resulta desconcertante en todos los aspectos de la vida, pero que sin duda es especialmente complicado para quienes han elegido como su negocio, como su actividad profesional, el núcleo, el motor de toda esa enorme transformación.

Cómo va a articularse la nueva forma de organización social que están propiciando las tecnologías de la información y de la comunicación. Por qué caminos va a discurrir esa revolución cotidiana que, con la tecnología digital al frente, está propiciando transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales de dimensiones inauditas e inéditas en la historia de la humanidad.

No tenemos una respuesta clara para esas preguntas. Si la tuviéramos, podríamos saber qué medios de comunicación va a demandar esa nueva sociedad que hoy apenas acertamos a vislumbrar.

Podríamos saber si, como señalan algunos, el tiempo de la prensa de papel, llega a su fin la. Si, como señalan otros, todos los medios de comunicación del mundo terminaran en unas pocas manos.
Podríamos saber cómo se armonizará el campo abierto, a todo y a todos, de Internet con la legítima defensa de las ideas y de las creaciones.

Podríamos, en definitiva, despejar todas las incógnitas y prepararnos para encarar los nuevos desafíos que hoy nos ocupan en este encuentro como lo hacen las buenas empresas, con el conocimiento de la realidad por delante.

Pero lo cierto es que todo está enormemente abierto. Lo dice Castells: la era de la información, como todo proceso de transformación histórica, no determina un curso único de la historia humana.

Que la era de la información sea una época de precariedades, sin asideros, donde existan pocas cosas sólidas a las que agarrarnos o que, por el contrario, sea una época de seguridades y de certezas, depende de los valores que prevalezcan, de los objetivos que nos marquemos, del coraje y de la firmeza con que afrontemos nuestros retos.

Y en ese proceso, los medios de comunicación tienen un papel estratégico. Es mucho lo que los medios de comunicación hacen por el mundo. Simplemente por el hecho de existir. Pero aun es más lo que pueden hacer.

Lograr un modelo u otro depende de lo que entre todos vayamos construyendo. Depende de que seamos capaces de gestionar con éxito y con responsabilidad el tránsito a esa nueva era.

Tránsito de la era analógica a la era digital en el escenario audiovisual, con su correlato de multiplicación de la oferta de contenidos, de segmentación de mercado, de interactividad.

Tránsito del papel a los nuevos soportes digitales y a una reforzada presencia multimedia en Internet para la prensa escrita, especialmente afectada por el cambio de hábitos de los ciudadanos a la hora de informarse.

Y tránsito también para los periodistas, que se ven abocados a convertirse en los proveedores del caudal informativo que alimenta a esos medios en todos los soportes y a través de todos los canales en que esos medios se presentan ante el público.

Este tránsito se produce en un tiempo, además, en el que estamos sufriendo la primera gran crisis económica de la globalización. Una crisis que a todos nos ha golpeado con fuerza, también a los medios de comunicación, y que ha puesto de manifiesto con crudeza las insuficiencias de los viejos modelos, la necesidad de afrontar ya los nuevos desafíos.

A ellos, a ustedes, corresponde la tarea de explorar y poner en marcha los nuevos modelos de negocio que demanda esta nueva etapa.

¿Y el Gobierno? ¿Y los Gobiernos? Por supuesto, también tenemos que hacer nuestros deberes. Deberes que básicamente consisten en establecer las bases, las condiciones legales más idóneas para que los medios de comunicación sigan desarrollando con solvencia el papel central que les corresponde, como garantes que son del derecho a la información y de la libertad de expresión, en nuestra sociedad.

El Gobierno de España es muy consciente de esos deberes. Los ha hecho a nivel interno, estableciendo, en diálogo permanente con los grupos de comunicación, una nueva legislación, un nuevo escenario legal adaptado a la realidad y a las posibilidades de hoy.

Y lo vamos a seguir haciendo. Nos comprometimos a aprobar en esta legislatura una ley de transparencia que garantizase el acceso de todos los ciudadanos y por supuesto de los medios de comunicación a la información pública. Y hoy puedo anunciarles que ya disponemos de un anteproyecto que será examinado en las próximas semanas por el Consejo de Ministros
Una ley de transparencia que consagrará un nuevo derecho de ciudadanía, el derecho universal de acceder a la información de la que dispongan los poderes públicos.

Una ley que sin duda contribuirá a fortalecer el tejido de nuestra democracia, también a avanzar hacia esa administración pública más eficiente, más transparente, más abierta a la sociedad y a los ciudadanos, la administración que nos demanda el tiempo que vivimos.

Se suele decir que la democracia es una casa de cristal. Y creemos que profundizar la democracia en Europa es también trabajar por una Europa más abierta, más cercana a la sociedad, más transparente.

Por eso hemos propiciado, desde la presidencia rotatoria de la Unión Europea, este foro de debate entre los medios de comunicación europeos.

Un foro para reflexionar y analizar ese futuro que todos compartimos, también para conocer y trasladar a las instituciones comunitarias cuáles han de ser a su juicio las líneas maestras de la regulación europea de los diferentes sectores. Porque no cabe duda de que es entre todos como podremos dibujar el mejor escenario para los mejores medios de comunicación.

Cuestión ésta en cuyo fondo late algo tan importante como es la propia calidad de la democracia, porque sin una ciudadanía informada y formada, sin una ciudadanía crítica, sin una ciudadanía capaz de formarse opiniones y tomar posiciones, no hay verdadera democracia, y en todo eso tiene mucho que ver, tienen todo que ver, los medios de comunicación.

No me cabe duda, por tanto, de que las instituciones europeas acogerán y estudiarán con la atención que merece el documento que han elaborado, la Declaración de Madrid. Porque Europa quiere, Europa necesita unos medios a la altura y a la medida de nuestro tiempo.

Unos medios que, más allá de la arquitectura, el modelo empresarial o los objetivos que se marquen las empresas, integren en su seno y en sus productos unos mínimos democráticos.

Los mínimos que marcan la justa competencia, la calidad, la profesionalidad, la legalidad, la responsabilidad. Valores que forman parte del bagaje político de la Unión Europea y que han de informar también la base legal del sector de los medios de comunicación.
Un sector fuerte y competitivo, capaz de afrontar con seguridad los cambios que se producen en un mundo en constante transformación.

Un sector innovador, que invierta en ideas, que busque y ponga en práctica nuevas fórmulas.

Un sector independiente y plural, que asegure a los ciudadanos que en él encuentran cabida y se hacen oír todas las voces, todas las sensibilidades.

Un sector profesional, en el que el capital humano, los periodistas, puedan desarrollar su trabajo con solvencia, con dignidad y con respeto a sus derechos y a sus normas deontológicas.

Un sector responsable, que se comprometa con los grandes objetivos de la sociedad, y contra sus lacras, que apueste por la educación, por la igualdad, por el conocimiento, por la integración social.

Un sector, en definitiva, de calidad. Calidad en los modelos empresariales.

Calidad en una información independiente, veraz y abierta.
Calidad en una oferta de entretenimiento que nos haga sentir y nos haga disfrutar sin recurrir a espectáculos indignos.
Calidad en una publicidad respetuosa de los derechos y de los valores de la ciudadanía.

Ese es el sector que impulsa la Unión Europea.
Esos son los medios de comunicación que merecen los ciudadanos europeos.

Y estoy convencida de que las instituciones de la Unión apoyarán todas las iniciativas y medidas que marquen esa dirección, muchas de las cuales se han recogido, sin duda, en la Declaración de Madrid.

Una declaración que, como presidencia de turno de la Unión, nos comprometemos a entregar a las autoridades europeas y nos comprometemos a impulsar como Gobierno de España.

Señoras y señores, amigas y amigos,

Somos muy conscientes de lo que los medios de comunicación representan. En sus manos pone la democracia el cumplimiento de uno de los derechos que la sustentan, la solidez de uno de sus pilares fundamentales, como es el derecho a la información. Y es un pilar por cuya estabilidad tenemos la obligación de velar permanentemente.

Por eso, España, Europa, apoya el desarrollo de unos medios de comunicación libres y plurales y espera mucho de ellos.

Hoy hemos podido comprobar que también los medios de comunicación esperan mucho de Europa. Y hacen bien. Defender los legítimos intereses es el derecho de los actores empresariales, y hacerlo con propuestas claras, debatidas y consensuadas dentro del propio sector, la mejor manera de exponerlas y luchar por ellas.

A la Unión Europea corresponde ahora la labor propia de las instituciones públicas. Analizar sus propuestas, estudiar su encaje en la legislación y con el resto de los sectores y, lo que es más importante de todo, armonizarlas con el interés general de los europeos.

Con la Europa social, la Europa de los derechos, la Europa del bienestar, la Europa de los ciudadanos, que estamos construyendo.
Estoy segura de que esa armonización no será difícil, porque gobiernos y medios de comunicación compartimos un gran objetivo, que es servir a los ciudadanos.

Porque es a la ciudadanía, a la sociedad, a la que estamos obligados a responder tanto los Gobiernos como los medios de comunicación.

Ese es nuestro gran objetivo, ese es nuestro principal objetivo y a él nos debemos. Un objetivo que ninguna otra consideración, ya sea de interés ideológico o de interés empresarial, por muy importantes que sean, y lo son, puede ni debe enmascarar.

Estoy convencida de que así lo entendemos todos y que todos trabajamos duro para ello.

Muchas gracias.