Señoras y señores, amigas y amigos, buenas noches a todos.
Quiero comenzar mi intervención felicitando a la Asociación de Periodistas Gráficos Europeos por instituir un galardón necesario para el mundo de la fotografía e importante en nuestro país, el Premio Alfonso Sánchez García de Periodismo Gráfico.
Hacer honor a la figura de uno de los más grandes fotógrafos españoles y reconocer la labor de los periodistas gráficos son dos objetivos a los que esta noche me uno de corazón, y agradezco mucho a la asociación y a su presidente, Roberto Cerecedo, la ocasión que me han ofrecido de hacerlo en compañía de todos ustedes. Muchas gracias.
No hace falta que subraye la importancia de las imágenes en plena era de la globalización. Nuestras sociedades contemporáneas no se entienden sin ellas. La noción que tenemos del mundo no sería hoy la misma sin las imágenes que sobre el papel o a través de la pantalla del ordenador nos llegan a diario desde todos los rincones del planeta.
Las mismas democracias y el fundamental derecho a la información que está en su base no se entenderían sin la atenta mirada de los reporteros gráficos, unos profesionales de la información que reflejan fielmente lo que ocurre a nuestro alrededor y que son garantía de transparencia.
“Gracias a la fotografía yo he aprendido a vivir, porque ella me ha enseñado respeto y tolerancia”. Esta frase, pronunciada en el siglo pasado por Henri Cartier-Bresson, otro de los grandes del foto-reportaje, cobra aún más fuerza, si cabe, en el siglo XXI.
Y es que, la fotografía enseña respeto y tolerancia. Respeto a la verdad y a la vida, tanto en su dimensión más bella como en el descenso al infierno y al horror. Y tolerancia en la diversidad y en la infinidad de realidades que configuran el mundo en el que vivimos.
La ya universal fotografía del Che Guevara inmortalizado en 1960 por Alberto Korda, el llanto aterrorizado de la niña vietnamita fotografiada por Nic Ut huyendo de las bombas, el ciudadano que hizo frente a los tanques en la Plaza de Tiananmen, retratado por Jeff Widener o la foto obtenida por Arthur Sasse en 1951 de Albert Einstein sacando la lengua al mundo, son imágenes imperecederas, parte consustancial de la retina de la humanidad.
La fotografía, por lo tanto, no es solamente una herramienta básica de la comunicación y de la información, sino también un elemento central de nuestro bagaje histórico y cultural.
Nuestros amigos de la Asociación de Periodistas Gráficos Europeos saben bien a lo que me refiero. Desde su creación en 1995, la Asociación ha trabajando activamente para dar a conocer y para poner en valor la labor de los fotoperiodistas, de los profesionales que capturan con sus cámaras la realidad que observan para transmitirnos más de mil palabras e incontables dosis de creatividad en cada imagen.
La entrega del galardón que hoy nos ha reunido en esta sala supone una nueva e importante muestra de reconocimiento a esa relevante tarea que en España cada vez cuenta con mejores profesionales.
El Premio que hoy entregamos en su primera edición no podía llevar mejor nombre. Alfonso Sánchez García fue, como bien ha dicho Roberto, un retratista magistral y un fotógrafo con enorme sensibilidad informativa, un maestro cuya obra es fiel reflejo de la vida en nuestro país durante la primera mitad del siglo XX.
Alfonso nos dejó como legado fotografías imperecederas de hechos y de personajes clave en la historia política, social, cultural y deportiva de España, dando testimonio de una época que hoy podemos recrear en detalle gracias a sus ojos, a su cuerpo de cámara, a sus lentes y a sus negativos.
También hubiera sido difícil encontrar para iniciar la lista de galardonados con este premio un nombre mejor que el de Cristina García Rodero. Cristina es, sin lugar a dudas, una magnífica heredera de Alfonso. Su trayectoria es impresionante desde el mismo inicio. Con su primer libro, “España oculta”, se convirtió por derecho propio en una autora de referencia a nivel internacional.
Aquella obra, iniciada en 1973 y terminada 16 años después, fue un magnífico trabajo de investigación etnográfica que reflejó con asombrosa sensibilidad las raíces más escondidas de lo que somos, nuestros más remotos y olvidados orígenes; esa España mágica, mística, misteriosa cuyos vestigios todavía podían rastrearse. Era imposible quedar indiferente ante la mirada que Cristina García Rodero nos mostró en aquellas fotos. Y así ha continuado siendo en sus siguientes trabajos.
“España, fiestas y ritos”, “Europa: el sur”, “Rituales en Haití” o sus registros fotográficos de las actividades de la UNESCO y de Médicos sin Fronteras en distintas partes del mundo son obras de referencia indiscutible de nuestra galardonada. Obras que mueven y conmueven.
Mirar las fotos de Cristina García Rodero es asomarse a la vida, a los sentimientos y a las realidades de sus retratados más allá de fronteras y de cualquier barrera cultural. Cristina nos impregna de las esencias de lo que ven sus ojos y nos hace ingresar en el mundo que descubren sus “objetivos”.
Cristina sabe bien que fotografiar es narrar el instante, que fotografiar significa escribir con luces y con sombras las líneas maestras de un momento vital que jamás se repetirá, pero que pervivirá por mucho tiempo, en algunos casos para siempre.
Y es que en sus fotos se deja ver que Cristina García Rodero es una mujer enormemente curiosa. Estoy segura de que le gustaría bucear en todas las culturas y en todos los rincones del planeta. Y poco a poco los va recorriendo.
Lo hace sobre todo en busca de los interiores de la vida, en pos de las emociones, de las regiones del ser humano donde el corazón manda siempre más que la razón. Probablemente esto explica su constante atracción por los acontecimientos en los que se despliegan la tradición, las creencias, la cultura popular.
Ella misma ha dicho en numerosas ocasiones que le gusta fotografiar las fiestas, esos momentos de alegría y de generosidad, donde la gente se expresa libre, jovial y espontánea y donde las emociones fluyen, donde la vida estalla. A Cristina le gusta capturar la vida en estado puro. Y así la transmite.
No me cabe duda de que en el futuro su mirada, esa mirada con la que nos cautiva, seguirá siendo igual de plena e igual de intensa, y que cuando nos descubra lo que hay entre el cielo y la tierra, lo hará con la altas dosis de sensibilidad y calidad, con que lo ha venido haciendo hasta ahora.
Admirada Cristina, recibe mi más cordial enhorabuena. Debo decirte que no sólo me encantan tus fotografías, sino que como mujer, me enorgullecen tus éxitos. Me enorgullece el que hayas sido tú, una mujer, la primera española que ha entrado a formar parte de la ya mítica agencia Magnum y también la primera que recibe el premio Alfonso Sánchez García.
Estoy segura de que este galardón para reconocer la labor de los reporteros gráficos españoles -que tan bien inicia su andadura- es el primero de otros muchos que se sucederán a lo largo de los años porque afortunadamente, contamos en nuestro país con muy buenos profesionales, como se demuestra cada día, con sólo abrir los periódicos.
Sin duda, la iniciativa que ha tenido la Asociación de Periodistas Gráficos Españoles, sustentada por FEVE y por la editorial Lunwerg, a los que también es de agradecer su colaboración, contribuirá a difundir su trabajo y a incrementar su consideración, ya muy elevada, por parte de la sociedad.
Como les decía al principio de mi intervención, esa es una tarea en la que, en mi condición de Portavoz del Gobierno, pero también de manera personal, cuentan con todo mi apoyo.
Muchas gracias.